sábado, 5 de julio de 2014

¿Somos gente decente?

[La viñeta es de Charles Barsotti, dibujante del New Yorker y fallecido el pasado día 20 de junio] 

La gente somos, por lo general, gente decente. Pagamos nuestros impuestos, atendemos nuestras deudas y cumplimos las leyes y normas cívicas que nos hemos dado. Por eso esperamos que nuestro país esté, al menos, a nuestra altura, gobernado por gente decente que sea capaz de conducir la economía, la justicia y la política hacia condiciones cada vez mejores para nosotr@s, para la gente.

Tenemos además necesidades perentorias, como comer, beber y disfrutar de tiempo de descanso. Por eso valoramos tanto un trabajo decente que nos permita llenar la nevera con alimentos saludables para nuestra prole, calentar la casa en invierno o poder conectar el ventilador en verano; o tener ciertas garantías de que no seremos expulsados de nuestra casa y condenados, al mismo tiempo, a mantener la deuda con el banco que nos concedió una hipoteca, si es que se dan las circunstancias, siempre dramáticas, en las que no dispongamos de suficientes recursos para atender el recibo. También esperamos de nuestro país la cobertura sanitaria universal que hemos ido construyendo entre tod@s con tanto esfuerzo, el trabajo de nuestros abuel@s, nuestros padres y madres, el nuestro mismo y el de nuestros hij@s. La sanidad, como la educación, es nuestra, de la gente. Es un bien público, una construcción común, un derecho pero también una responsabilidad y un compromiso. Son cosas simples las que permiten llevar una vida decente.

Así termina, precisamente, la entrevista a Pablo Iglesias que el diario The Guardian ha publicado hoy:

 "We want a more decent country. A country with public services, a country where nobody is thrown out of their house, a country with public hospitals, public pensions, a country in which if you have work you can fill the fridge and buy school supplies for your children," he said. He shrugged as he added: "Just the simple things."

 ¿Es esto populismo? Veo más bien una mirada hacia adentro, una persona que se sabe gente y que conoce bien las necesidades y las exigencias de la gente decente. Encuentro, más bien, una persona honesta, un gran equipo si queremos, que nos ha puesto un espejo para que nos veamos como sujetos políticos y que encontremos en ese sencillo acto un motivo para la esperanza. Podemos agita una bandera sin colores pero henchida de sabiduría olvidada y sentido común. No es extraño que la gente decente comencemos a creernos que sí, que se puede. Que podemos construir un país a nuestra altura, una democracia con ciudadan@s, con y para la gente. 

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