viernes, 23 de mayo de 2014

¿Investigas o trabajas?

Es cierto que nunca me han hecho esta pregunta abiertamente, pero en muchas ocasiones he detectado cierta urgencia en planteármela… amigos, amigas, familia política, hermanas… Madres y padres no tanto…, quizá porque aún confían, y de qué manera, en ti y guardan en su corazoncito la esperanza de que “cuando seas grande” aportes algo significativo a la Ciencia y/ o a la sociedad en general.

Cuando sea grande… esto les comienza a preocupar también a mis propios hijos… ¿Mamá… y tú qué quieres ser “cuando seas grande”…? ¿Mamá… y tú qué quieres ser cuando dejes “de una vez” de estudiar…? O dudas, enormes, porque se ven interpelados ya de algún modo… ¿Es obligatorio estudiar hasta que seamos tan mayores como tú? ¿Mamá… es obligatorio leer todos esos libros? (Mamá… es que no sé si sabrás… que tú ya eres muy grande…)

Pero volvamos a la cuestión… ¿investigar es trabajar? Desde luego si identificamos “trabajo” con una actividad profesional (hasta ahí vamos bien) que te permite ganarte la vida dignamente, esto es, sin tener que acudir un mes sí y otro también a los ahorros de papá y mamá*, entonces la respuesta, queridos míos, es NO. En este punto investigar es una suerte de estadio intermedio que te permite sobrevivir mientras alcanzas el siguiente escalón de tu carrera académica. Los investigadores vivimos en una suerte de mundo Nunca Jamás, complejo de Peter Pan lo denominan algunos, creyendo firmemente que aún disponemos de toda una vida por delante para alcanzar el objetivo más cercano, que en general suele ir alejándose como el horizonte cuando caminas hacia él. Así, hasta que un buen día los cuarenta y cinco llaman a tu puerta sin avisar y con intención de quedarse a vivir contigo para siempre. Se desencadena entonces una inevitable tormenta de dudas que las hace desplomarse sin piedad sobre tu cabecita… ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Por qué no estoy trabajando? ¿Qué les dejaré a mis hijos? Todo eso sin hablar de necesidades perentorias tipo… ¿Qué cenaremos hoy?

Investigar es una forma de vida, diametralmente opuesta a toda vida “normalizada”, no conoce el ocio, el “entretenimiento”, los fines de semana, o las vacaciones… todo el tiempo que se dedica a un proyecto, primero a la tesis, después a un paper tras otro, es un todo en el que la vida se envuelve y desenvuelve… recibes y atiendes señales del exterior, es cierto, pero quienes te rodean, y te quieren bien, saben también que esa pecera constantemente conectada es un hábitat natural, un ecosistema complejo que contiene todos los elementos que precisas para vivir, la mayor parte del tiempo, feliz. Sí, es cierto, somos felices.

Es en este sentido que investigar ES trabajar, por el tiempo que le dedicas, por la pasión que le pones en cada mínimo párrafo que escribes o en cualquier pequeña evidencia que encuentras. Es tanto, tanto, trabajo que podríamos hablar, incluso, de una suerte de work-alcoholism, si no fuese porque en este aparente paraíso de investigar-para-vivir-para-investigar, no todo son palmaditas en la espalda y compañerismo sin fisuras. La investigación se desarrolla en un mundo muy competitivo, que tiene perfectamente establecidos los cánones por los que cada trabajo y con él cada investigador, será evaluado**. La presión que contienen las tres líneas anteriores nos obliga a salir de la pecera de vez en cuando. Salimos a respirar, sí… más que nada para tomar impulso… porque es más que probable que en la incursión sigamos dándole vueltas a algún asunto y como resultado obtengamos una brillante idea para un nuevo proyecto. Recomendable, podríamos decir incluso que necesario, pero generalmente no muy bien recibido. En general casi cualquier arranque de creatividad, y por qué no decirlo, de vida, es considerado un deslizamiento hacia la diletancia, que rima peligrosamente con vagancia, vagancia de la mente… y que en realidad viene a significar un alejamiento de tu línea de investigación, a la que te debes y a través de la que eres. Más presión.

Esto nos lleva a la siguiente. Quienes se piensan si plantear o no esa cuestión del principio, entre bromas y diretes, dispararán entonces sin contemplaciones: y... ¿sobre qué investigas?  

*Atención pregunta: ¿No deberíamos estimar las oportunidades que perderíamos si la sociedad no dispusiese de esta línea de crédito filial y sin intereses para investigadores que nos permite adelantar la considerable inversión que se ha de realizar para asistir a congresos, conferencias, estancias, etc.? ¿No es esto una fuente de inequidad?

**Por cierto, Robert Clarisó, profesor de la UOC, escribió no hace mucho una serie de post sobre la evaluación por pares, el papel de los referees, etc. muy recomendables.

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