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jueves, 18 de abril de 2013

Patios de Córdoba y genius loci


Es imposible medir el genius loci. Por eso quienes reclaman medidas "objetivas" para valorar los patios de Córdoba andan desencaminados. El "genio del lugar", el "espíritu", el "duende", es una emoción, un pellizco, una experiencia individual intransferible, una intuición. Sólo algunos patios de Córdoba transmiten parte de esta energía revitalizadora, muy ligada a la "autenticidad", a la "sinceridad", al "centro emocional fuerte" que se precisa para "crear" y "compartir". 


El patio de Virginia Molina, que cuida y vive con tanto mimo y esmero toda su familia, forma parte de ese reducido y precioso grupo de "auténticos". A estos patios deberían dirigirse esencialmente los mimos y cuidados institucionales, pues en ellos reside la esperanza para la preservación de la fiesta.

Otros han elegido la senda de la mercantilización de un decorado. Y esto es inevitable, siempre lo ha sido en casos sensibles como este, cuando el turismo de números gordos y contundentes comienza a ser considerado como imprescindible fuente de financiación. No es triste, es la realidad. Por eso mantengo que los esfuerzos deben orientarse hacia la preservación y el cuidado de iniciativas que mantengan vivo el "genio del lugar", que puede cambiar, mutar y virar su "representación" en el tiempo, pero mantiene siempre su potente capacidad evocadora.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Ser turista en Córdoba


Yo también fui turista una vez en Córdoba. Durante tres años seguidos, 95-98, asistí con una mirada sorprendida y muy interesada en los detalles, al festival de los patios. De aquellas visitas conservo una importante colección de diapositivas, y una impronta en la forma de valorar los paisajes urbanos que me acompañó después en los ocho años de ejercicio profesional junto al paisajista Luis Vallejo.

En estos días de reconocimiento de los patios, al ser aceptada al fin la candidatura del festival en la Lista para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, he rastreado en mi memoria qué fue lo que más me impresionó en aquellos viajes iniciáticos por la ciudad, planito en mano, en busca de un recóndito paraíso.

En primer lugar la emoción de descubrir, en el paseo, una sucesión de espacios en la ciudad con una escala en armonía con la dimensión de sus edificios y de sus calles. La “educación del ojo” que dicen una buena amiga romana, sólo es posible si creces en una ciudad en la que la armonía está escrita en cada piedra.

También la capacidad para sorprender y no agotar, de la repetición casi invariable de la misma colección de elementos presentes en cada patio, muros encalados, macetas pintadas y flores rojas y blancas. Así lo tengo grabado en la memoria. Esta capacidad es muy importante, especialmente si consideramos que vivimos en una sociedad que se “actualiza” casi al minuto a través de las redes sociales. Los patios son siempre iguales a sí mismos, a su esencia, pero también siempre distintos. Este valor diferencial se lo aportan sus elementos vegetales, los grandes olvidados en los trabajos de catalogación de tipologías que se han realizado hasta la fecha.

Finalmente, el saber hacer de sus gentes. El estilo, la gracia, la capacidad para ordenar de un modo elegante tal cantidad de macetas y elementos, muchas veces en espacios con una escala mínima. Este “know how” que tanto se valora en las empresas de última generación, debería ser, en mi modesta opinión el eje fundamental de las propuestas que se aborden de ahora en adelante para la gestión sostenible de los patios. Si no queremos incurrir en la tentadora y cómoda sucesión de “decorados”, la gente deberá estar en el centro de toda política de gestión. Porque sin gente sabia en el “saber hacer” no habría habido, ni habrá, patios. 

sábado, 29 de enero de 2011

decir paisaje

Comprender nuestros paisajes urbanos siempre estará en función de nuestra atención y nuestra atención depende en gran parte de la velocidad que imprimimos a nuestra vida cotidiana y a nuestro trabajo. Cuando ponemos “velocidad” sobre la mesa suelen aparecer también otras palabras: simplificación, homogenización, previsibilidad, banalización… La importancia del diseño en los paisajes urbanos tiene que ver con nuestra cultura de comunicación. Si consideramos que la cultura es una renuncia a las soluciones veloces y rudimentarias podríamos considerar que nuestra “cultura de comunicación” tiene mucho que ver con nuestra capacidad de entrelazar y enlazar mundos, una visión amplia que nos permite trascender las soluciones “ingeniosas” para llegar a soluciones “bellas, útiles y comprensibles”.

La capacidad comunicativa del paisaje urbano está fuertemente relacionada con la capacidad del emisor, quien diseña, y del receptor, quien mira, observa, pasea, vive…

El paisaje urbano es un sistema orgánico complejo. Esto significa que está conformado por múltiples relaciones raramente comprensibles en un primer golpe de vista. Una actuación que aspire a ser reconocida y valorada no puede abordar el espacio como si se tratase de un lienzo en blanco. Precisa cierta dosis de responsabilidad y respeto hacia el lugar a tratar y, esencialmente, hacia las personas que harán uso de ese espacio. La transformación y disfrute de los espacios públicos de la ciudad puede programarse siguiendo tácticas más o menos contrastadas pero finalmente serán personas quienes doten de significado, culturizándolo, a todo lo construido, reconstruido, restaurado y/o rehabilitado en la ciudad.

La asociación FUTURA ha programado para el próximo día 2 de febrero de 2011, en la facultad de filosofía y letras, una mesa redonda en la que se abordará desde la perspectiva de la geografía y la arquitectura el paisaje urbano fluvial en el entorno monumental de Córdoba. Un encuentro que pretende facilitar, precisamente, esa información y comunicación por la que abogamos.

Columna HoyxHoy Córdoba (SER)

domingo, 9 de enero de 2011

construir la vida

La participación de las mujeres en la construcción de la vida cotidiana no es un asunto precisamente novedoso; las mujeres hemos sido parte fundamental en el devenir histórico de nuestros pueblos y ciudades aunque nuestros saberes y nuestra forma de hacer hayan sido silenciados e invisibilizados durante siglos. Esta “mala práctica” se ha basado en una creencia que pretendía, y pretende aún en muchas ocasiones, atribuir al punto de vista masculino una neutralidad y universalidad que se ha visto una y otra vez superada desde que Olimpia de Gouges redactara en 1791 la Declaración de la Mujer y la Ciudadana.

Cuando las mujeres pensamos la ciudad y el territorio adoptamos un compromiso ético con el conjunto de la ciudadanía y aplicamos premisas basadas en nuestra propia experiencia de la ciudad y en nuestros conocimientos técnicos. Combinar la técnica y la vida podría bien resumir nuestra forma de hacer las cosas. Esta nueva forma puede y debe atender a las nuevas realidades, tomar conciencia de la necesidad de contribuir activamente a la fundación de un nuevo paradigma económico y social que se fundamente en la democracia, la equidad, la justicia y la paridad.

jueves, 25 de noviembre de 2010

sobre violencias y derechos de las mujeres en las ciudades

La ciudad, la polis, nos conforma como personas políticas en tanto que actuamos por un interés común. Etimológicamente “interés” procede de inter-esse, el espacio que existe entre tú y yo. El espacio público es entonces espacio “intersección” de asuntos comunes. El espacio político se construye a partir de ese espacio común de intereses mediante la lexis y la praxis, el diálogo y la acción.

Hablar de ciudades es hablar esencialmente de espacio público, de espacio de representación, de espacio político. Es el lugar donde suceden las cosas y el lugar que potencia nuestras capacidades ciudadanas de relación con el entorno social y natural. Es el lugar privilegiado para el desarrollo y visibilización de las capacidades políticas, también para las mujeres. Abordar las formas de violencia hacia las mujeres en el espacio urbano pretende poner sobre la mesa nuestras preocupaciones espaciales, de relación con el espacio, con la escala de planificación y la percepción individual, en tanto que mujeres, de las políticas de organización y gestión de las ciudades.

La violencia en las ciudades mantiene aún un sesgo mayoritariamente masculino, en tanto que sujeto y objeto de dicha violencia; sin embargo es la percepción de ésta, en tanto que generadora de miedos, lo que limita la vida de las mujeres, y no la de los hombres, en los espacios públicos y supone un detrimento importante de sus derechos fundamentales. El más importante de ellos aprobado como nuevo derecho humano en la Convención de Belém do Pará en 1994 es "el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia".

La violencia que percibimos las mujeres en las ciudades nos hace sentir vulnerables, inseguras, sabedoras de la presencia de peligros que acechan nuestra integridad física y psíquica. Es el miedo a ser asaltada, a ser agredida sexualmente, a ser acosada verbalmente o físicamente. Miedos ante los que las mujeres hemos desarrollado un principio de precaución que nos lleva a “evitar” el peligro limitando nuestra presencia en el espacio público.

Para potenciar el desarrollo de la democracia ciudadana es fundamental promover la presencia de las mujeres en este espacio público. La acción positiva, la promoción del progreso de las ciudades, debe incorporar la visión de las mujeres en la planificación y gestión urbana de un modo integrador e innovador. Con ello será posible hacer visibles las diferencias, la diversidad enriquecedora, entre ser hombre y ser mujer, entre los roles asumidos, entre las necesidades y las capacidades respectivas. Permitirá además desarrollar el derecho de las mujeres a la ciudad que no es más que el derecho común a vivir en ciudades más equitativas, democráticas, sostenibles e inclusivas. Y, con ello, más libres de violencia.

Un vídeo realizado por el colectivo canadiense "Madres contra el cambio climático"

viernes, 5 de noviembre de 2010

People meet in Architecture

People meet in Architecture es el lema escogido por Kazuyo Sejima para la duodécima Mostra Internacional de arquitectura de Venecia. Con él la arquitecta japonesa intenta animar la nueva arquitectura hacia la creación de espacios físicos de encuentro que trasciendan los exitosos espacios virtuales generados por Internet. El lema es optimista y admite sugerentes interpretaciones.

De algún modo política y arquitectura siempre han estado ligadas conceptualmente, ambas pretenden la transformación, el progreso y la ordenación de las ciudades. Ambas generan ciudadanía. Les propongo entonces sustituir Architecture por Politics: People meet in Politics. Nuestro lema vendría a decir que la política puede, y debe, generar espacios de encuentro, sugerir lugares que permitan la discusión constructiva y el afianzamiento de la democracia. La cuestión ahora sería con qué materiales cuenta la política para idear y hacer realidad esos lugares. Sirviéndonos del lenguaje de Sejima podríamos decir que han de procurar transparencia, evitar las fronteras, los límites y potenciar la diversidad. En política, como en arquitectura, lo más complicado es conseguir un equilibrio entre la abstracción y la realidad.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Abrazar los árboles (y la tierra que los sustenta)

Córdoba sufre en este tórrido fin de agosto de 2010 diferentes iniciativas de su ayuntamiento (gobernado en coalición por IU y PSOE) para hacer desaparecer árboles de sus calles y parques a pesar de una resistencia ciudadana que retorna poco a poco de sus vacaciones.

Ahora que el cambio climático es una realidad de la que incluso las páginas de economía de los grandes diarios se hacen constante eco, nuestras sombras parecen tener los días contados. Como tantas otras cosas sin valor mercantil aparente o como los iceberg que derriten con agua cálida los barcos de las petroleras que inician en estos días la conquista de las reservas de crudo de Groenlandia. El “oro ártico” nubla la vista de un gobierno que parece incapaz de poner en valor la “inutilidad” del frágil paisaje que habitan ballenas azules, osos polares, focas y aves migratorias. Cada uno en la medida de sus posibilidades, gobiernos nacionales o municipales, colaboran con el despropósito de generar espacios inhabitables, intransitables, “no lugares” en los que la vida, el paseo, las emociones, olores o murmullos se hacen impensables. Pues qué si no significa una calle sin sombra en Córdoba. Las sombras de los árboles significan vida, vida en la calle, vida social, vida-vida.

El movimiento Chipko se inició a finales del siglo XVII liderado por una mujer llamada Amrita Devi. Más de trescientas personas de la comunidad Bishnoi en Rajasthan sacrificaron su vidas para salvar los árboles sagrados khejri abrazándose a ellos. En los años cuarenta del pasado siglo Mira Behn, una aventajada discípula de Gandhi preocupada por la ecología de los Himalayas de Garhwal, identificó que las consecuencias catastróficas de las inundaciones se debían a la sustitución de los frondosos bosques mixtos, banj, de robles (Quercus incana) y almeces (Celtis australis) por pinos con gran valor comercial y lucrativo y escaso valor ecológico. Las mujeres de la zona pronto cayeron en la cuenta de que las plantaciones de pinos no cumplían las funciones ecológicas ni económicas de los banj. Y fueron las mujeres en primer lugar porque desapareció la leña con la que poder cocinar, despareció el bosque como materia prima de alimentos silvestres y comenzó a escasear el agua potable. La economía pasaría a depender únicamente de la explotación de los pinos en aserraderos y fábricas de tratamiento de resina, donde se ocuparían los hombres pero desaparecería la vida basada en una actividad sostenible basada en la conservación de los bosques. Entonces renació Chipko. En marzo de 1973, trescientos árboles iban a ser talados para un fabricante de aparatos deportivos; cuando la población de Mandal se enteró acudieron al bosque tocando tambores. Declararon que se abrazarían a los árboles para impedir que los derribaran. Los taladores se desplazaron a otro lugar y con ellos los tambores y canciones Chipko, hasta hoy.

Este bosque es nuestra madre. Cuando falta comida venimos aquí a recoger hierbas y frutas para alimentar a nuestros hijos. Encontramos plantas y recogemos hongos en este bosque. Ustedes no pueden tocar estos árboles.

(Lema de las mujeres Chipko que protegieron el bosque de Remi)

La pasada semana los vecinos de la calle Marquesa de Valdeiglesias iniciaron un simbólico abrazo a los árboles que iban a ser talados por una empresa municipal, pocos días después esta misma empresa reconoció que alguno de ellos podría “salvarse” si se rehacía el proyecto. Es decir, si se empleaba un poco de sentido común en vez de aplicar la comodísima, y empleadísima, tabla rasa.

Tendremos que vestirnos el sari rosa y salir a abrazar los árboles y la tierra que los sustenta en Córdoba. Uno a uno. Hoy mismo podríamos empezar. En el Parque Cruz Conde se oyen tambores que anuncian que ya han comenzado a caer: Abraza nuestros árboles, sálvalos de su caída.

domingo, 14 de marzo de 2010

Järva_Estocolmo

  • Järva fue construido sobre unos terrenos militares ubicados al Noroeste de Estocolmo dentro del programa denominado "un millón de viviendas" que el gobierno sueco aprobó en 1965. En 1975 estaban construidas 1.005.614 de las que Järva representa un 25%. Cuando el municipio de Estocolmo asumió las competencias sobre vivienda se inició un gran programa de renovación integral del área. El programa persigue, fundamentalmente, potenciar el arraigamiento de sus habitantes al barrio mediante la integración de usos en el espacio y en el tiempo, potenciando las ventajas del barrio, estudiando los defectos y estableciendo soluciones de acuerdo con la ciudadanía, en un 80% inmigrantes, o refugiados políticos, procedentes de Somalia, Irak, Chile…
  • Para Magnus Andersson, responsable del proyecto, los dos problemas fundamentales del área son la segregación de usos de las vías de circulación de vehículos y personas, que provoca una gran inseguridad y elevado número de puntos “muertos” (lugares que nadie pisa y/o lugares que nadie ve) en el paisaje urbano y la separación radical entre hogar y trabajo, que genera la necesidad de desplazarse y limita la relaciones de las personas con su barrio.
  • “Vision Järva 2030” no es un proyecto cerrado, fluye en función de las necesidades y la asignación presupuestaria pero Andersson, un “Urban Planner” formado como economista (añadiría un economista social o, quizá, simplemente, un economista sueco) se muestra tan entusiasta como firme en las determinaciones y compromisos acordados en el City Hall de Estocolmo (sede del gobierno local) conseguir, para 2030,
  • - Mejorar las condiciones de las viviendas en cuanto a accesibilidad y eficiencia energética.
  • - Mayor diversidad paisajística entre los diferentes entornos urbanos que conforman Järva.
  • - Ofrecer Seguridad y Confianza en las posibilidades del barrio todos los días.
  • - Mejorar la Educación y la enseñanza de Idiomas para favorecer la comunicación.
  • - Más trabajo y empresas ubicadas en el área.
  • Han conseguido conectar los seis distritos mediante líneas de transporte público y con instalaciones deportivas comunes atractivas y activas. Promueven las prácticas empresariales de estudiantes del barrio en las grandes empresas multinacionales que ya han conseguido que se instalen allí y trabajan por relacionar, mediante un gran espacio público conformado por un Mall comercial y una gran Biblioteca pública (una por distrito) a las personas que trabajan en estas empresas con la población.
  • Mix and match!, que diría Jane Jacobs, a quien Andersson considera su maestra. Toda una lección de sentido común.

lunes, 11 de enero de 2010

de blog en blog_decir paisaje

Una crónica de lo trabajado en la Conferencia Internacional de la Alianza de Paisajes Culturales Patrimonio Mundial, celebrada en Granada los pasados 25 y 26 de noviembre de 2009. Publicada en ARS OPERANDI.
[mirando hacia Granada desde el Generalife, jardines y huertas en funcionamiento!]

domingo, 8 de noviembre de 2009

paisajes críticos, paraísos urbanos

He participado en las Jornadas sobre Estrategias para la Integración de la Arquitectura Contemporánea en las Ciudades Patrimonio de la Humanidad celebradas en Córdoba los días 5, 6 y 7 de noviembre de 2009. Organizadas por la Comisión de Urbanismo del Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España: Alcalá de Henares, Ávila, Cáceres, Córdoba, Cuenca, Ibiza, Mérida, Salamanca, San Cristóbal de la Laguna, Santiago de Compostela, Segovia, Tarragona y Toledo. Por este motivo la periodista Sara Arguijo me hizo una serie de preguntas que le servirían para escribir el siguiente artículo publicado en el semanario La Calle de Córdoba. Hablamos de todo esto:

1. En principio, desde tu punto de vista, ¿cuáles son las principales dificultades para integrar la arquitectura contemporánea en los cascos históricos?

Pienso que es esencial el modo en que acometemos y/o resolvemos la comunicación con los espacios y con quienes los habitan. La capacidad comunicativa del paisaje urbano está fuertemente relacionada con la capacidad del emisor, quien diseña, y del receptor, quien mira, observa, pasea, vive… Esta posibilidad de comprender nuestros paisajes urbanos siempre estará en función de nuestra atención y nuestra atención depende en gran parte de la velocidad que imprimimos a nuestra vida cotidiana y a nuestro trabajo. Cuando ponemos “velocidad” sobre la mesa suelen aparecer también otras palabras: simplificación, homogenización, previsibilidad, banalización… La importancia del diseño en los paisajes urbanos tiene que ver con nuestra cultura de comunicación. Si consideramos que la cultura es una renuncia a las soluciones veloces y rudimentarias podríamos considerar que nuestra “cultura de comunicación” tiene mucho que ver con nuestra capacidad de entrelazar y enlazar mundos, una visión amplia que nos permite trascender las soluciones “ingeniosas” para llegar a las soluciones “bellas y útiles”.

2. ¿Cree que Córdoba se ha quedado atrasada con respecto a otras ciudades en

la apuesta por la vanguardia?

Creo que Córdoba apuesta por el diálogo, por la puesta en valor de lo patrimonial con lo contemporáneo considerándolo todo como un hecho sincrónico, todo es ahora histórico y contemporáneo y será pasado mañana mismo. Me gusta pensar en Córdoba como una ciudad que respira hondo antes de tomar una decisión, de elegir un camino; sin embargo, a veces parece que le cuesta reaccionar, que todos los cauces van lentos, que las actuaciones no fluyen… En cualquier caso prefiero la lentitud a las decisiones atropelladas, quiero pensar que Córdoba contiene el aliento para dar un gran salto hacia la excelencia cultural. Una excelencia que, por supuesto, tiene mucho que ver con la ciudad, con su arquitectura, su paisaje y su ciudadanía.

3. ¿Cuál es el principal reto de este tipo de intervenciones: que se

integren en los paisajes urbanos sin molestar o que sea aceptada por los

ciudadanos?

El paisaje urbano es sistema orgánico complejo. Esto significa que está conformado por múltiples relaciones raramente comprensibles en un primer golpe de vista. Una actuación que aspire a ser reconocida y valorada no puede abordar el espacio como si se tratase de un lienzo en blanco. Complejo quiere decir que precisa de cierta dosis de responsabilidad y respeto hacia el lugar a tratar y, esencialmente, hacia las personas que harán uso de ese espacio. Tiene mucho que ver con la escala y con el primer punto, esto es, nuestra capacidad como diseñadores, como pensadores, para la comunicación. El paisaje urbano no admite aislar o inventariar uno y cada uno de sus valores de forma aislada y estática sino que han de contemplarse necesariamente como fragmentos de un sistema complejo que posibilita su integración real en la vida cotidiana de las gentes con quienes comparte escenografía. La transformación y disfrute de los espacios públicos de la ciudad puede programarse siguiendo tácticas más o menos contrastadas pero finalmente serán personas quienes doten de significado, culturizándolo, a todo lo construido, reconstruido, restaurado y/o rehabilitado en la ciudad. El diseño en el espacio de urbano, podríamos llamarlo “paisajismo urbano”, precisa de una capacidad para mirar alrededor, una capacidad de asombrarse no sólo ante lo nuevo sino ante lo que posee ese valor intangible de belleza inalterada, de equilibrio, de armonía. Hablamos quizá de sentido común. Caminar la ciudad, detenernos en las esquinas, descubrir por qué los bancos de un parque tienen muchísimo más éxito de público que otros, comprender qué significan los juegos infantiles para sus usuarios finales, las sombras, el mobiliario urbano, qué le pedimos a esos muebles cuando los miramos desde el lado del espejo de quien los usa. De nuevo la capacidad de comunicación y la velocidad.

4. Por último, me gustaría que mencionara algunos ejemplos de los edificios,

reformas o proyectos más aberrantes que se hayan cometido en la ciudad.

Me cuesta responder a esto porque pienso que prevalece lo bueno sobre lo malo. Aún así mis “horrores imperdonables” son la ronda y las parcelaciones ilegales. En la primera se debería haber tenido en cuenta la importancia y trascencencia de los arrabales islámicos y haberlos incorporado al proyecto como un valor no como un problema. Las parcelaciones ilegales las veo como proyecto espontáneo de ocupación y deterioro del territorio “consentido” desde las administraciones.

lunes, 31 de agosto de 2009

el jardín en el muro

Una noche de confidencias[1], hace apenas un mes, una amiga me contó la historia del jardín en el muro. En aquel momento pensé que, al menos para ella, era una historia verdadera y posible: el jardín en el muro es un jardín real y un jardín soñado. Significa una realidad inmortal a través de un muro también real. Ya no me cabe la menor duda.

- Dentro-dijo-había una parra virgen de color carmesí, de un carmesí intenso y uniforme, que cubría un muro blanco bajo el reflejo ambarino del sol. Había algo en el aire que llenaba de gozo, era una sensación de levedad, de paz y bienestar; había algo en su apariencia que hacía los colores limpios, perfectos, y que les confería una sutil luminosidad. Al entrar se sentía una alegría exquisita, una alegría que sólo se siente en raras ocasiones. Allí todo era hermoso…

El jardín como forma de felicidad. El jardín como un lugar delicioso al que poder acudir en los intervalos de una extenuante carrera cotidiana. Un jardín que nos procure momentos para aferrarse al mundo. Momentos para aferrarse a la fantasía de lo posible.


[1] Sigo la historia de Wells, H.G. (1988) La puerta en el muro, Madrid, Siruela, p.p. 15-46

La imagen está tomada del cuento de Mandana Sadat, El Jardín de Babai, de Mandana Sadat. Kókinos (2004)

domingo, 23 de noviembre de 2008

cuerpo_paisaje_vida/ ecofeminismo y ciudad

La Huella Ecológica de la Humanidad muestra cuánto utilizan las personas la capacidad productiva de la biosfera. La huella se expresa como el número de planetas Tierra necesarios para satisfacer el consumo. Nos indica que aunque se adoptasen las medidas más estrictas para detener el cambio climático no recuperaríamos el sentido común de utilizar una sola Tierra hasta el año 2040. Este umbral fue superado en los primeros años 80, con el inicio de la era Reagan y del establecimiento de las bases de un liberalismo salvaje que se afianzaría en los 90 para finalmente romperse por dentro el pasado 2007. Un sistema natural es eficiente y complejo, precisa mucho tiempo para establecerse y alcanzar el equilibrio. Recomponer los platos rotos en estos 20 años precisará 60 años en el mejor de los casos y 100 años en el caso de que se optase por una transición lenta. Los recursos básicos de nuestro planeta son limitados y, si se sigue una filosofía de crecimiento ilimitado de bienes y servicios y, por consiguiente, de beneficios económicos, se rebasarán forzosamente los límites ecológicos del planeta. La consecuencia más global de ese “pasar el límite” es el cambio climático. Estas palabras, recogidas en The Limits to Growth y por el Informe Global2000, ambos en 1972, no parecen decir nada nuevo. Sabemos esto y lo tenemos asumido como cierto. Sin embargo nos resistimos a traducir nuestros descubrimientos en hechos. Otro modo de plantearlo sería ¿Cuántas evidencias hacen falta para que una anécdota se convierta en realidad? Ni siquiera la estrategia del (mal) llamado desarrollo sostenible pone en duda el paradigma de crecimiento permanente. Pude escuchar al politólogo Sami Naïr hace unas semanas en Córdoba. Se mostró discretamente optimista ante la crisis económica en el sentido que confiaba en que la victoria de Barack Obama, y su equipo de imaginativos economistas, permitiría desprenderse de los modelos fracasados y reconducir el orden social hacia un nuevo contrato social. Me contagió su optimismo, del mismo modo que lo hizo Vandana Shiva en sus declaraciones a El País el pasado lunes: Hemos vivido demasiado tiempo en un mundo fragmentado. Sin embargo en este mismo diario pudimos leer en el suplemento Negocios un artículo de uno de estos imaginativos economistas que con el contundente título Vamos a necesitar un barco más grande instaba al nuevo presidente a tener capacidad, amplitud de miras y la valentía necesarias para que nos unamos como nación e inspirarnos y darnos los medios para hacer la única cosa que podemos y debemos hacer ahora mismo: ir de compras. El uso de las calles queda determinado pues por las más altas instancias de la economía mundial. No hay ninguna ingenuidad en este llamamiento. Las similitudes que señala Yayo Herrero entre huella ecológica, entendida como impacto de los estilos de vida sobre los bienes de la tierra y huella civilizatoria como indicador que evidencia el desigual impacto que tiene la división sexual del trabajo sobre la sostenibilidad y sobre la calidad de vida humanas nos serán muy útiles al analizar, diagnosticar y evaluar el modo de construir y vivir la ciudad por mujeres y hombres. El balance para el colectivo masculino será, en términos generales, negativo pues consume más energías amorosas y cuidadoras para sostener su modo de vida que las que aporta. No hay duda, las mujeres nos implicamos mientras que ellos apenas participan. No les hablaré pues de los problemas de las mujeres en las ciudades sino del modo en que éstas, las múltiples ciudades que habitamos, nos interpelan en nuestra vivencia cotidiana. Cómo la ciudad nos exige sentir, percibir, hacernos preguntas y buscar respuestas. A nosotras, como mujeres primero y desde nuestra experiencia, personal y profesional, después. Nuestra experiencia entretejida y poliédrica, construida como un palimpsesto, puesto que todo influye sobre todo y cada segundo se nos va adhiriendo a la piel como bagaje profesional y personal, público y privado, conforma nuestra sabiduría más allá de nuestro conocimiento académico. Quisiera leerles esta palabras del Colectivo del libro de la salud de las mujeres de Boston, son palabras de 1969. Volvernos más conscientes de nuestros cuerpos será un proceso lento. Pero flota a nuestro alrededor una confianza creciente en nuestra capacidad para el cambio y una conciencia creciente de sensaciones nuevas. ¡Es fantástico saber que estamos llegando a sentir nuestros cuerpos como parte de nosotras mismas! Nuestra primera propuesta de acción ante el cambio climático es que técnicos y políticos responsables del planeamiento y ordenación de las ciudades seamos conscientes de nuestro trabajo y así nos podamos escuchar algún día: Volvernos más conscientes de nuestro entorno urbano y natural será un proceso lento. Pero flota a nuestro alrededor una confianza creciente en nuestra capacidad para el cambio y una conciencia creciente de sensaciones nuevas. ¡Es fantástico saber que estamos llegando a sentir nuestra ciudad como parte de nosotras mismas! Cuando el desarrollo de cualquier actividad humana se acomete desde la conciencia y/o experiencia de la propia vida, la belleza, la política, la gestión, la academia dejan de ser asépticas. Hago pues un llamamiento a dejar de ser asépticos, neutros, en el ejercicio de nuestra profesión. Desde aquí, pues, un llamamiento a la ACCIÓN.